(fragmentos)
…cada paso dado por Nicolás en aquellos años donde muy profundo su corazón se sumió en el desespero y en el amor. Si, Nicolás fue de esos. Nicolás es el asunto a tratar, el personaje principal de esta vaina. Él se enamoro, entro en los fuegos pasajeros que conllevan a la nada. Para serles franco, sé muy poco sobre él. Pero lo que sé es verídico, ciento por ciento verdad, de la brava, de la que venden en algunos libros.
Amigo de un amigo mío, que conocí en la universidad. Y que entre otras cosas era marica. Pero el cuento de Ignacio… ¡Perdón! Nicolás, es un cuento sin mariconadas, es algo serio. Pues Nicolás murió y aun está muerto, enterrado bajo tierra y los gusanitos ya se lo mamaron integro. El fue un ciudadano de finales del siglo veinte y principios de éste. En una ciudad olvidada por sus propios habitantes, en un país cualquiera de América Latina. A Nicolás le gustaba mi amigo en aquella época, y en cuanto se conocieron se hicieron amigos –por una razón de afinidad, entre intelectual y tal vez espiritual-. Fue un momento muy genial para ambos, aunque cada uno de ellos, incluso otros personajes a citar aquí, cada uno en su muy personal forma dio paso a, y tuvo ilusiones de algo más, aunque tal vez ese algo estuviera completamente errado, sin cabida en el otro o resonancia en los demás. Lo que quiero decir, es que cada uno metió su cucharada de deseos y pasiones junto con unos condimentos –macerados y no-, con sus propios intereses; arrimándose al otro patético humano, primitivo también con otros sabores, texturas y colores, además de sentimientos/pensamientos otras falsedades y chácharas verdaderas amasadas entre sí.
Mi amigo es una chácara, pues se deja llevar y después se pega unos estrellones con la gente, el pobre es tan ingenuo. Eso fue lo que le paso con ya sabemos quien, se dejo llevar y se estrello con la tristeza y la esperanza del tonto de Nicolás.
Pero eso paso después, lo primero y lo más genial fue conocerse. Conocer personajes nuevos importantes para toda la vida –corta en el caso de Nico-, como lo es el caso de la señorita Liliana, Lili le decían de cariño. Una niña bastante rara y especial. Me acuerdo de esa época cuando mi amigo me contó por primera vez de ella. En ese entonces él había entrado a la universidad a estudiar una carrera de esas que no sirven para nada, y se conocieron ahí mismo en el patio central de la sede de humanidades, aunque ya los dos se había atisbado unas cuantas veces en otros lugares y en otras situaciones. Fue una tarde en la que la pernicia en el patio era más atractiva que estar en clases de, por dar un ejemplo: Literatura Hispanoamericana. Porque mi amigo estaba saliendo con una de las amigas de Lili, y bueno se presentaron en medio de conversaciones cuando se juntaron en la mitad de uno de los pequeños tumultos de estudiantes alrededor de una de las bancas –donde Liliana estuvo sentada- en el centro del terreno que era una circunferencia… Y entre ellos la verdad, lo que realmente aconteció fue como un amor de hermanos, de almas mellas, casi en el acto. Aunque en ese momento solo se dijeran formalidades de escuela, muy egocéntricos y bellos –aunque en el fondo se gustaban y se atraían secretamente-…
…en esta ciudad imaginaria de la cual tomo el relato, en donde nació el señorito Nicolás –exactamente en un poblado en las afueras de la misma el cual no nombraré-, de la cual es mi amigo y me críe yo, en este pueblo hace mucho calor. La vida en un lugar así es lenta y no pasa nada, pero los personajes no son distintos a los isleños o gentes de otros litorales caribeños –el letargo existencial es evidentemente físico, claro está-, es gente de pensamientos rápidos e instintivos, armados de una razón loca, para ver las cosas mágicas de la realidad –que no es el “Realismo Mágico” y si en parte-. Pues el imaginario es rico, como una exaltación de la vida cotidiana. De manera tan poética y perfecta, para que esto pueda ocurrir a diario; viven en las ventanas de las casas, en los andenes, sobretodo en las esquinas donde hay techito y en las plazas, en los parques –todo lugar que albergue una sombra de día-… Y esto pasa sobretodo al caer la tarde cuando la canícula se ha ido; al atardecer en esta semi isla se anuncia un despertar de vampiros…
…en ese abrazo de la noche en Cartagena –por decir una ciudad-, en una plaza como la de San Diego, en la cual prácticamente todos los días se encontraban para conversar y tomar algunas cervezas después de ir a la facultad. Igual, eran los viernes cuando se tomaba de verdad…

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